De la perseverancia

Un camino de mil millas comienza con un paso.

Benjamin Franklin

¿Qué es más importante, la velocidad o la constancia?

Supongo que así planteado y con la imagen de la fábula de la liebre y la tortuga encima, es fácil de responder.

Pero… ¿lo aplicamos?

¿Cuántas veces no te has pegado una maratón de estudio y/o trabajo para luego terminar agotado?

¿Alguna vez has querido tirar la toalla?

¿Te sobreexiges fuera del trabajo para dar la talla al día siguiente y luego estás demasiado cansado o estresado para rendir bien?

Y… en el otro extremo…

¿Dejas para después cosas que te parecen importantes y después no las acabas haciendo?

Vamos a centrarnos.

La cuestión es que la perseverancia da más frutos a largo plazo y la medicina es una carrera de fondo, no los 100 metros lisos.

De nada sirve ser un “crack” unos días si luego te “quemas” (sí, el burnout existe) o caes en algún tipo de depresión (o lo que sea) y acabas, o bien, poniendo tu salud en juego o, finalmente, tirando la toalla.

La perseverancia consiste en el fino arte de encontrar tu propio equilibrio.

Hacer algo cada día, sí.

Pero si es media hora hoy no pasa nada, lo importante es que sigues en el camino.

Y cuidarte, entre medias.

Dormir y comer bien, ser consciente de cómo te sientes y plantearte, en base a cómo me siento, ¿qué necesito ahora?

Y, por supuesto, tener claro lo que quieres, tus necesidades, pero también tus valores.

Porque parto de la base de que si eres MIR o médico (o estudiante) es porque has encontrado en ello algo que te llena (y si no es así, no pasa nada, hay más cosas que hacer en este mundo).

Sea como sea, es una profesión que, fácilmente, nos puede llevar a quemarnos. Sobre todo si nos alejamos de los valores que nos acercaron a ella y también, si nos olvidamos “de nosotros mismos”.

P0r ejemplo, un error que cometía cuando era R1 era “aprovechar el fin de semana para organizarme y estudiar”… Craso error. Me pasó factura y bueno, si sigo en la medicina es porque aprendí la lección, a “ponerme límites” y descansar y porque, a pesar de todo, en el fondo sabía que estaba donde quería estar. Sólo tenía que aprender algunas tablas para no naufragar por el camino.

Y no me extiendo más.

Más que nada porque si bien soy médico, no soy psicóloga, y no quiero hablar más de la cuenta. Hablo de lo que sé, lo que he experimentado y lo observado en compañeros.

Por último, no puedo dejar de recomendar otro blog, que para mí es un diamante en constante evolución, llamado “Psicosupervivencia” (Picar).

Su escritora (Marina) sí que es psicóloga (de hecho, psicóloga clínica) y explica en sus correos de forma amena pinceladas de psicología para aprender acerca de lo que nos importa en la vida y dirigir nuestras acciones hacia ello, haciéndonos más fuertes y satisfechos por el camino. Convirtiéndonos en quienes somos realmente (y sin falsas promesas “mágicas“).

Tengo que reconocer que me enganché.

Y ya, para finalizar, recomiendo un libro que me encanta: El hombre en busca de sentido. y que trata sobre este tema, sobre encontrar lo que nos importa realmente y cómo eso nos hace encontrar fuerzas en las circunstancias más duras imaginables. Al menos eso es lo que le pasó a su autor, Viktor Frankl, psiquiatra y prisionero durante largo tiempo en los campos de concentración nazis.

Para los curiosos dejo enlace:

El hombre en busca de sentido

¡Buena semana!

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